Editorial: Un problema de base
Los comienzos de año son siempre especiales y en la actividad antártica pueden significar el comienzo o el fin de muchas cosas. Para quienes permanecieron durante todo un año invernando en el continente frío es el momento de volver a casa y
reencontrarse con los seres queridos. Para quienes se estuvieron preparando durante el año, llegó la hora de partir.
Pero en 2010, la campaña antártica tendrá un sabor amargo: las bases temporarias de verano (Brown, Melchior, Decepción, Petrel, Matienzo, Cámara y Primavera) permanecerán cerradas. Ser el primer país en tener una base permanente en la
Antártida es un hecho indiscutible, imposible de olvidar. Pero los logros se deben alcanzar cada año y el reconocimiento internacional se mantendrá solamente teniendo fuerte presencia física y científica en el continente.
A casi tres años de su trágico incendio, el rompehielos Almirante Irízar, insignia de la actividad antártica argentina, continúa amarrado en la Dársena Norte a la espera de ser
reparado. En su lugar, otra vez, se debe recurrir al alquiler de medios extranjeros para poder hacer frente a la campaña de verano.
Por todo esto las autoridades deben comprender el valor de la actividad antártica argentina dotándola de los recursos necesarios para garantizar su continuidad y su crecimiento.





